¿Y después?
El gobierno italiano, en una acción que nos trae recuerdos de situaciones que considerábamos irrepetibles, ha decidido que los miembros de la etnia gitana que residen en su territorio merecen “disfrutar” de un status por el que se pueden conculcar de manera sistemática, sus derechos fundamentales. El Parlamento Europeo ha puesto el grio en el cielo pero sin que la cosa haya pasado a mayores.
Dado que “ocurrencias” como la presente son algo común en la más reciente historia de la vida política italiana, creo que va siendo hora de que se empiecen a tomar medidas profilácticas antes de que la infección se extienda por otros Estados y que, tras los gitanos, otras minorías puedan ver conculcados sus derechos fundamentales. Si tenemos en cuenta algunas actuaciones de la UE en ocasiones anteriores, y por cuestiones de menor gravedad, no sería exagerado solicitar, como primeras medida, la exclusión temporal de Italia de todas las instancias de decisión europeas en tanto no se derogue una legislación que nos recuerda, en el mejor de los casos, al apartheid sudafricano y, en el peor, las prácticas nazis que por desgracia son frecuentes en otros paises autocalificados demócratas como es el caso, por ejemplo, del Estado de Israel.
Creo que no resulta descabellado pensar que todas estas actuaciones tienen su origen en la forma con la que Estados Unidos está tratando los asuntos que tiene que ver con las libertades públicas tras el ataque sufrido por las Torres Gemelas de Nueva York. La invasión de Irak, Abu Graib, Guantánamo, etc. son los ejemplos que, primero Israel, y ahora Italia parecen haber tomado como modelo para considerar que el Estado, cualquier Estado, tiene carta blanca para, en aras de una pretendida aunque falsa seguridad, conculcar derechos consagrados hace más de doscientos años por la Revolución Francesa y refrendados y actualizados a la realidad social del siglo XX por la ONU en 1948.
Desgraciadamente parece que la herencia que nos deja el actual presidente de los USA, y el grupo de neocons que le aupó a la más alta magistratura de su país, va a hacer necesario un denonado esfuerzo de limpieza para conseguir que, cuando menos, el mundo vuelva a la situación previa a la toma del poder de ese grupo de neofascistas norteamericanos. El virus se ha extendido hasta extremos preocupante sin que la sociedad civil de los paises afectados, casi todos los que conforman el grupo de sociedades formalmente democráticas, haya tomado conciencia de la gravedad de una situación que, corremos el riesgo, nos lleve a considerar como un mal menor la sociedad pensada por Orwell.