Hijos del odio
Cuando vi la película Todos Estamos Invitados, acudió a mi memoria mis 15 años de permanencia en el País Vasco y las experiencias por las que pasé en dicha etapa.
Así nació la idea de este artículo, que simplemente pretende poner por escrito las reflexiones que sobre el tema se me ocurren a partir del conocimiento personal y por tanto limitado e imperfecto de esta problemática.
De todos esos años, donde se dieron muchas situaciones incomprensibles, una sobre todas las demás, quedó grabada permanentemente en mi memoria. En una de mis clases, en las que acostumbraba a plantear debates sobre la situación del P. V., el nacionalismo y ETA, una muchacha de apenas 15 años sentenció que el mejor hijo de guardia civil era aquél que cuando nacía se le estrellaba contra una pared.Esta frase puesta en boca de una adolescente, tomaba un aspecto aún más monstruoso que la propia sentencia en sí.La muchacha que dijo esta frase, formó parte años después del Comando Madrid y fue detenida y extraditada a España por su participación en múltiples atentados.
Hay que añadir como dato revelador, que aunque ella nació en Vizcaya, sus padres provenían de otras provincias no pertenecientes a Euskadi, a pesar de lo cual en sus declaraciones se proclama defensora de las tradiciones de sus antepasados vascos y reivindica el derecho de matar y expulsar a los que no son vascos de su país.
A partir de aquí surge la reflexión: ¿Qué puede impulsar a alguien a tan tierna edad a carecer de las mínimas dosis de empatía hacia el sufrimiento ajeno? ¿Cuándo hizo estas declaraciones incluiría a sus padres, como posibles objetivos de su supuesto derecho?
La sociedad vasca esta inserta en una complicada red de rencillas y odios ancestrales, de falta de libertad y miedo, de la paranoia que supone no saber nunca si el amable vecino del tercero encubre un sanguinario asesino.
Cuando viví allí escuché a varios adolescentes defender su derecho a vengar torturas y muertes de un lejano pasado que ellos nunca llegaron a conocer, como si de una “vendetta” al más puro corte mafioso se tratara.
Para que en un pueblo se genere esta reacción en niños nacidos en una sociedad, al menos formalmente democrática, creo que debemos buscar el origen de tal sinsentido en la educación. Nos encontramos así con unos auténticos hijos del odio. Del odio, bien por los recuerdos escuchados en su infancia, bien por una educación tendenciosa y falseada de la historia, que vino impartiéndose en muchas Ikastolas. Como alguien dio alguna vez una mentira repetida muchas veces se convierte para quien la escucha en una verdad.
Cuando una persona o un pueblo alimentan durante años una idea, una forma mental, nace lo que algunos llamarían un Egregor, es decir una forma mental que toma vida propia y se asienta en las mentes de los individuos que la crearon, como una verdad indiscutible que llega a dirigir sus destinos.
Existe algo conocido con el nombre de marketing social, técnica en la que se ensalzan muchos sentimientos de orgullo, promoviendo muchos odios y en muchas ocasiones mintiendo y convenciendo de cosas muy alejadas de la realidad. Esta técnica ha sido usada a lo largo de toda la historia, bien directamente por los gobiernos, bien indirectamente, aprovechándose de sus resultados. Y en este sentido los diferentes partidos que conforma el intricado mapa político del país vasco, deberían reflexionar seriamente sobre su implicación directa o indirecta en la formación de este Egregor colectivo de odio. Si volvemos a las lecciones históricas de un pasado no muy lejano, deberíamos aprender de esa aquiescencia de la burguesía alemana con el movimiento nazi, movimiento que primero sirvió a los intereses de dicha burguesía, y posteriormente la fagotizó. Quizás algún partido político está cometiendo en la actualidad este mismo error.
Volvemos por tanto, como en la mayoría de los problemas que afectan al mundo, a un problema educacional. Eduquemos en respeto, en tolerancia, en paz y convivencia, en justicia y en libertad y probablemente desaparezcan los adolescentes que desean la muerte de un ser recién nacido.