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Carta del editor, diciembre 2008

Hace sesenta años que se firmaba la Declaración Universal de Los Derechos Humanos, una puesta al día de la Declaración de Derecho del Hombre y del Ciudadano que, desgraciadamente y en muchos casos, no ha pasado de una mera declaración de buenas intenciones incumplida en algunos países de manera sistemática.

¿Será posible que algún día pasemos de los papeles a las realidades en estos temas? A fuer de ser optimista, casi, casi antropológico, deberiamos pensar que esto pùede ser así y que, por fortuna, únicamente depende del empeño que cada uno de nosotros pongamos en que lo reflejado en los papeles se convierta en realidad.

A día de hoy es difícil encontrar algún país que por unas cosas o por otras no conculque de una manera más o menos graves alguno de los Derechos considerados fundamentales. Es más, aquellos países que se empeñan en dictar las normas de conducta universales son los que, con más frecuencia y de manera más grave, incurren en esta práctica. En cualquier caso y aunque la denuncia nunca esté de más, deberíamos fijarnos cada uno de nosotros en que hacemos por que en nuestro ámbito de influencia social los Derechos de los demás no sean pisoteados de manear impune. Quizás no lo sean de manera grave o escandalosa o quizás, por pura omisión, estemos ayudando a que en algún lejano país se explote a niños o mujeres por sistemas de trabajo esclavizantes. En cualquier caso es obligación de todos y cada uno de aquellos que nos consideramos civilizados, y en la medida de nuestras posibilidades, luchar porque  estos derechos sean realmemte universales.<

Buen día y buena suerte

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