¿ EN MANOS DE QUIÉN ESTAMOS?
Ahora que estamos asistiendo a la presión mediática y de distintos organismos mundiales con respecto a la vacuna de la “gripe A”, creo que es el momento de tratar éste y otros temas relacionados con las grandes multinacionales farmacéuticas.
Con respecto a la gripe A no voy a extenderme, pues el cúmulo de informaciones que aparecen en la red son suficientemente nutridas para que cualquier mente crítica pueda hacerse una idea de la cantidad de incógnitas y sospechas que dicha vacuna suscita entre gente tan cualificada como científicos y médicos.
Lo que va a centrar este artículo es un tema más general y mucho menos difundido en los medios oficiales (no sé muy bien el término a utilizar) de comunicación.
Tampoco es que vaya yo ahora a dar datos de medios alternativos (que podría), sino que me voy a limitar a fuentes tan poco susceptibles de ser antisistema como la Comisión Europea, por ejemplo.
Según un informe reciente de dicha comisión los excesos de dichas empresas farmacéuticas perjudican al conjunto de la población. Sin embargo este informe no ha llegado casi a nadie, pues no se ha difundido en los grandes medios de comunicación, que deben estar más preocupados en meternos a todos el miedo en el cuerpo con la gripe A.
El informe, publicado el pasado 8 de julio viene a decir en síntesis:
1.- Que en el comercio de medicamentos no está funcionando la competencia.
2.- Que los grandes grupos recurren a todo tipo de medios para impedir que lleguen al mercado medicinas más baratas, y sobre todo los genéricos.
3.- Que el retraso al acceso de genéricos conlleva pérdidas económicas para los individuos y para la Seguridad Social.
Todo esto se puede entender si tenemos en cuenta que el mercado mundial de medicamentes representa unos 200.000 millones de euros, y una docena de grandes empresas controlan la mitad de dicho mercado. Si pensamos que por cada euro invertido en la fabricación del medicamento, se ganan mil en el mercado. Y no digamos lo que pueden ganar tres de estas grandes (GSK, Novartis y Sanofi) con la venta masiva de la vacuna de la dichosa gripe A.
Estas cantidades de dinero convierten a las grandes farmacéuticas en una potencia financiera, y ese dinero es usado para arruinar a través de multimillonarios juicios a los pequeños fabricantes de genéricos y para forzar a la Oficina Europea de Patentes a que retrasen la concesión de autorizaciones para la entrada de genéricos.
Esta presión ha llegado a los EEUU con ocasión del intento de reforma sanitaria del presidente Obama; se han gastado millones de dólares en campañas de desinformación y calumnia contra esa necesaria reforma sanitaria.
A todo ello tendríamos que añadir que el 90% de los gastos para el desarrollo de nuevos fármacos esta destinado a enfermedades que solo padece el 10% de la pobación mundial.
Y en otro apartado de cosas algunas de estas compañías (el caso de Bayer, por ejemplo), se identifican con insecticidas, venenos caseros, heroína (patentada por esta casa en 1897), y su colaboración con dictadores y criminales de guerra (caso de IG FARBET, de la que luego se desprende Bayer entre otras, que planificó y apoyó directamente el ascenso de Hitler y la invasión alemana, además de la construcción de campos de concentración, y la fabricación del gas Zyclon B, utilizado para exterminar judíos, todo ello documentado en los juicios de Nuremberg, junto a un montón de atrocidades más)
Según la OMS, millones de personas en Africa, Asia y América Latina sufren las llamadas “enfermedades olvidadas”, que afectan a 750 millones de personas y acaban con la vida de medio millón cada año. Enfermedades causadas generalmente por parásitos, transmitidas por medio de agua insalubre o por picaduras de insectos; pandemias que caen en el olvido porque sólo afectan a las comunidades más pobres; y víctimas que no cuentan con el dinero suficiente para acceder a un tratamiento o una medicación adecuada.
En el caso del SIDA, cuando esté empezó a afectar a los países desarrollados, dejó de convertirse en una enfermedad mortal, para convertirse en crónica, eso sí solo para aquellos que pueden costearse los elevados precios de los medicamentos.
Por poner un botón de muestra, el Glivec (medicamento contra el cáncer de Novartis), cuesta 27.000 por paciente y año, mientras que el genérico fabricado en la India cuesta 2.700 por paciente y mismo período.
Resumiendo, miles de personas podrían salvar la vida si se cumplieran los compromisos internacionales en relación al comercio, patentes, etc. Y lo que es peor la salud ha dejado de ser un derecho para convertirse en un negocio y un lujo para quien puede pagarselo.
Anubis
Si a alguien le interesa ampliar el tema:
http://ec.europa.eu/competition/sectors/pharmaceuticals/inquiry/index.html
www.ecoportal.net/content/view/full/67184).
* Le Monde Diplomatique
http://www.adital.com.br/site/noticia.asp?boletim=1&lang=ES&cod=40851
*Cuadernos Cristianismo y Justicia, Los crímes de las grandes compañías farmacéuticas