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Que cosas hay que oir!

El Ilustrísimo y Reverendísimo Sr. Arzobispo de Oviedo, Monseñor Sanz, se ha descolgado ayer con que las ONG’s son una especie de paniaguados modernos que viven de la sopa boba y que dilapidan las importantes cantidades que el Estado, osease nosotros los contribuyentes, les entregamos para que alivien situaciones de necesidad a lo largo y ancho del mundo.Vamos para que practiquen la solidaridad aunque a ellos les vaya más lo de la caridad que es virtud teologal.
¿Todas? Bueno, todas no. De la quema se salvan Cáritas, Manos Unidas y Ayuda a la Iglesia Necesitada, entidades que como todo el mundo sabe dependen, curiosamente, de la entidad en la que este ciudadano manda bastante.
Uno, que es un poco zoquete todo hay que decirlo, se pregunta como es posible que a estas alturas todavía no se ponga cotos a este tipo de estupideces por el expeditivo camino de cortar por lo sano, es decir dejar que la iglesia católica, apostólica y romana (y todas las organizaciones que de ella dependen) se financie con las aportaciones de sus fieles, de los suyos que como parecen ser muchos y sacrificados seguramente aportarían lo necesario y suficiente para el cumplimiento de sus fines terrenales. Los otros se supone que tno tienen coste. Si el Estado destinara los miles de millones que se van por el desagüe de la católica confesión (culto, ONG’s, enseñanza y demás historias) es posible que nuestros pensamientos, parados y educandos tendrían algún dinerillo extra para vivir un pelín mejor e incluso algunos, sí me imagino que algunos serán socios de este club celestial, podrían aportar un poco más a las necesidades de SU iglesia.
Salud, buen día y buena suerte

Dinero y conciencia

Como representante de un banco ético cuyo fundamento es la elección de empresas éticas y solidarias donde invertir el dinero, Joan Melé, Subdirector General de Triodos Bank , expone la urgencia de vincular Conciencia y dinero


¿Hacia donde camina Europa?

En un pasado cercano, que parece ahora lejano, los gobiernos social demócratas de los países europeos, articularon una forma político económica conocida como el Estado del Bienestar; en esta fórmula, se recogían derechos y libertades fundamentales conquistados a través de los siglos por los ciudadanos europeos.
En el mundo del siglo XXI desde las esferas políticas se considera este estado del bienestar como una rémora para la economía competitiva.
Las soluciones que se están dando a la crisis pasan por ir minando poco a poco las conquistas que tan duramente fueron conseguidas por los trabajadores. Las nuevas consignas son rebajar salarios para salir de la crisis, olvidarse de la justicia para conseguir la paz, olvidarse de la salud del planeta para mejorar la economía.
Y a este triste panorama se une un decreto de expulsión de la etnia gitana, desde el mismo centro simbólico del que partió en Europa la Declaración de Derechos del Hombre y el Ciudadano.
Pero lo más grave no es la medida del Gobierno del señor Sarkozy, lo más grave ha sido el posicionamiento del resto de los líderes europeos, que también callaron cuando hace dos años Silvio Berlusconi emprendió una campaña contra los gitanos en Italia.
Lo grave es que cuando alguien habla alto y claro, como es el caso de la vicepresidenta de la CE, los líderes de esta Europa nuestra hacen “causa belli” de sus palabras, en lugar de alinearse contra un atentado tan brutal contra la dignidad y el derecho de las gentes.
El gremialismo y oportunismo manifestados en el Consejo Europeo han dejado al presidente de la Comisión, José Manuel Durao Barroso, como el único capaz de plantarle cara al presidente francés y, por extensión, al resto de los dirigentes europeos, ciegos y mudos, entre ellos, a José Luis Rodríguez Zapatero.
Y lo más grave aún es la pasividad con la que nosotros, los ciudadanos permitimos todos estos ataques a la paz, la justicia social, la dignidad de las personas y el derecho a una vida y un trabajo dignos.
Sólo me queda recordar aquellas famosas palabras de Martín Niemöller:

Primero fueron a por los judíos,
y yo no hablé porque no era judío.
Después fueron a por los comunistas,
y yo no hablé porque no era comunista.
Después fueron a por los católicos,
y yo no hablé porque era protestante.
Después fueron a por mí,
y para entonces ya no quedaba nadie que hablara por mí.